domingo, 1 de marzo de 2026

Como surge el conflicto en el Medio Oriente

 A finales del siglo XVIII, el auge de las tendencias seculares producto del Iluminismo en Europa, provocaron un cambio sustancial en la vida cotidiana de los judíos. La forma de vivir de esta comunidad había girado hasta ese entonces en torno a los preceptos religiosos, pero con el cambio cultural y social provocado por las “nuevas ideas” y el culto al progreso, se abrieron nuevas y variadas posibilidades, desconocidas hasta ese entonces. Debido a ello, algunos judíos comenzaron a aplicar su talento en variadas disciplinas como la filosofía o la literatura y lograron, en algunos sectores selectos de la intelectualidad, una integración/asimilación casi perfecta con el mundo occidental.[1]

Durante los siglos XVII, XVIII y XIX, importantes sectores del judaísmo se transformaron en la avanzada de las ideas más progresistas y revolucionarias de la sociedad, asumiendo una posición política liberal antifeudal, y con el tiempo marxista y anticapitalista. Su rechazo creciente al tradicionalismo, establecido entre otros por su propia religión, los llevó a elaborar teorías destinadas cambiar en profundidad el orden establecido: “Rechazando una ortodoxia que encuentran, apolillada, rutinaria y fósil, promueven un judaísmo edulcorado y cada vez menos judío (…)” (Culla, 2005, p. 19)
El Iluminismo judío, denominado habitualmente Haskalá[2], fue el que dio un giro al pensamiento judío tradicional. Aunque sus raíces encuentran en la Ilustración europea, las condiciones y problemas específicos de la cuestión judía le imprimieron un carácter distintivo. En su etapa inicial fue un movimiento de la clase media; sus metas culturales, así como sus réditos inmediatos, sólo podían ser compartidos por un número limitado de judíos educados. Las masas, en su mayoría, permanecieron alejadas y, más aún, se mostraron hostiles a la idea de asimilarse culturalmente ya que esto podría traer como consecuencia la apostasía. Para gran parte de la población, que era tradicional u ortodoxa, el iluminismo judío fue percibido como una amenaza a sus valores, como un desvío. Sus seguidores, llamados maskilim, atacaron el oscurantismo y la superstición de los rabinos y su abuso de poder, propugnando en contraposición valores seculares y la suplantación de la educación tradicional por escuelas modernas.
La Haskalá tuvo su origen en la ciudad de Berlín como un programa de un pequeño grupo de judíos guiado por Moisés Mendelssohn (1729-1786), con la idea de familiarizarlos e interiorizarlos con la cultura europea en general y con la alemana en particular, para que estos grupos lograran integrarse en las sociedades en las que residían de forma efectiva.[3]
El espíritu iluminista secular cautivó fundamentalmente a las clases medias/altas de la sociedad judía que, apoyando la progresiva aparición de los principios liberales y democráticos, allanaron el camino para la futura consecución de la igualdad civil de derechos de la comunidad judía en los diversos países, especialmente en Europa occidental. La consecución de esa tan anhelada igualdad de algún modo permitió la rápida erosión de los moldes tradicionales que estructuraban el comportamiento de la comunidad judía, dejando las cuestiones meramente religiosas para el ámbito privado.
Sin embargo, y pese al intento de incorporación, asimilación y trasformación política-jurídica por parte de los países europeos de la comunidad judía consecuencia de la Revolución francesa, el movimiento iluminista secular y emancipatorio fracasó; el incremento del antisemitismo durante el siglo XIX, con sus flamantes dimensiones racistas y políticas dejó entrever que el problema judío no era sólo una cuestión jurídica y política. Asimismo, es importante aclarar que la mayor parte del judaísmo europeo, radicado en la zona de Europa oriental, ni siquiera disfrutó durante esa época los efímeros beneficios de la “emancipación”.
Como explican Ben Ami y Medin, las causas del antisemitismo son sumamente complejas pero se podría considerar una de las principales, los elementos mitológicos y atávicos propios de la herencia cultural de Europa (Ben Ami, Medin, 1991, p. 23). De allí que, según los autores, el problema judío no haya tenido una solución duradera.
El sionismo es el movimiento nacionalista del pueblo judío, que plantea como objetivo el regreso de los judíos del mundo a la tierra de Israel, su patria originaria, para constituir una entidad política independiente, un Estado-nación. Toma su nombre de Sion, la colina de la parte nordeste de Jerusalén sobre la que antiguamente se construyó la ciudad y en los que se encontraba el templo de Salomón.
Según Yosef Gorny (1987) y las subsiguientes interpretaciones sobre éste de Norman G. Finkelstein (2003, p. 62), en las bases del sionismo “moderno”, se dio lo que denominan un “consenso ideológico”, que abarcaba las diferentes variantes del pensamiento sionista de ese entonces. Las tres tendencias que coexistían en ese consenso eran: un sionismo cultural o místico, un sionismopolítico-nacionalista y uno de corte laborista. Estas vertientes de pensamiento coincidían en un punto fundamental que les permitía plantear la posibilidad de consenso: la necesidad de alcanzar una mayoría numérica de judíos en territorios palestinos.
Los orígenes del pensamiento sionista se encuentran en el comúnmente denominado sionismo místico, hundido en las profundidades mismas del judaísmo y de la conciencia colectiva del pueblo judío. Desde esta perspectiva, el judaísmo es visto como la religión nacional del pueblo judío, que ha perdido su independencia hace miles de años, edificando en cambio una patria de tipo espiritual. Esta vertiente fue la respuesta directa a los ataques antisemitas en Europa, y a aquellos grupos que bregaban por las ideas asimilacionistas.
La concepción cultural o mística, “(…) quería resolver no el problema de los judíos sino el problema del judaísmo en el mundo moderno. En su opinión, la supervivencia del judaísmo y del pueblo judío estaba amenazada no tanto por el antisemitismo como por la civilización cada vez más laica que los hacía anacrónicos” (Ídem, p. 63).
En este sentido, su preocupación no era el posible rechazo al nuevo mundo sino la seducción que podía ejercer éste en la comunidad judía. Por eso se consideraba urgente la adaptación de la religión al mundo contemporáneo, pero sin perder su sello distintivo y milenario. Obtener un territorio donde agrupar al pueblo judío en diáspora, un centro espiritual que funcionara como una fuerza aglutinante era fundamental para su estrategia; de allí que fuera imprescindible la mayoría numérica de judíos dentro del nuevo Estado. Era la condición necesaria y suficiente para construir un Estado de judíos, que posibilitaría el “nacimiento espiritual de la nación judía”( ibidem).
Por su parte, el sionismo de tipo político y nacionalista, que aspiraba a la creación de un Estado-nación judío en el territorio de Palestina. El sionismo se fundamentará entonces en “la normalización de la vida de la comunidad judía y la afirmación de una personalidad judía, la reivindicación de la dignidad y de la identidad, el despertar cultural y la realización de los valores propios” (Martínez Carreras, 1992, p. 29). Como respuesta a la tradición de la Revolución Francesa, pensaba la cuestión judía en clave nacionalista. De acuerdo con las corrientes nacionalistas que adquirieron fuerza a mediados y fines del siglo XIX, existían lazos que vinculaban de manera natural a determinados individuos y excluía a otros; era por eso que cada comunidad orgánicamente organizada debía dotarse de un Estado independiente; un Estado común para un pueblo común; un pueblo común para un Estado común. Así, no pretendía luchar con el cada vez más virulento y conservador antisemitismo, sino que buscaba con esta fórmula política alcanzar una “sana” convivencia con el enemigo, creando así un Estado que les perteneciera en su totalidad. Era por eso que debían llegar a ser mayoría numérica, porque en caso contrario se repetirían las negativas experiencias del pasado.
Por último, la vertiente laborista consideraba el problema judío como consecuencia “no sólo de la carencia de un Estado, sino de la estructura de clase de la nación judía, que se había descompensado y deformado en el transcurso de su larga dispersión” (Finkelstein, 2003, p. 61), provocando un exceso de clase media y pequeños propietarios y una escasa cantidad de trabajadores. El objetivo de esta concepción era la creación de un Estado “sano” que se encargara de la reconstrucción de la clase obrera judía. “Dado que los intereses de esa clase exigían un Estado socialista, esa era la única solución verdadera para el problema judío” (Ibidem). La necesidad de una mayoría numérica se debía en este caso a las mismas razones que utilizaba el sionismo político: para poder decidir el futuro de la comunidad.
La adhesión de cada una de estas concepciones a la creación de un Estado judío para la nación judía “se expresó de forma concreta y sin ambigüedades en su insistencia en que ese futuro Estado concedería un status privilegiado a los judíos de la diáspora” (Ídem, p. 64). Sin embargo, tanto el sionismo político como el sionismo laborista con esa afirmación no descartaban la existencia de una minoría árabe que sería respetada en todos sus derechos tanto civiles como políticos, lo que por muchos fue denominado como un Estado binacional. Simplemente se pretendía establecer que la cara visible del Estado de Israel iba a ser la comunidad judía, como se daba incluso en muchos casos de Estados contemporáneos.
El sionismo siempre defendió el derecho histórico que tenían los judíos de volver a la tierra prometida, lo que se denominó “derecho de retorno”[4]. Este derecho prioritario a establecer un Estado judío en tierras palestinas se basaba, supuestamente, en la presencia primigenia del pueblo judío en esa tierra. Su justificación, además de política -como vimos con anterioridad en la explicación de nación o comunidad orgánica- era de carácter topográfico, ya que consideraba que la solución para el problema judío era “el asentamiento de los judíos en su patria histórica y el candidato obvio para tal patria era por supuesto Palestina (Tierra de Israel), con sus variadas resonancias para el pueblo judío” (Ídem, p. 68). El hecho de presentar esta tierra como patria histórica tenía dos consecuencias directas: la primera era que en el mundo había un pueblo sin un Estado –aunque había muchas comunidades en la misma situación-, residiendo por lo tanto en un Estado (o varios) ajeno a él; por esa razón se enfrentaba a los claros problemas de asimilación y de rechazo –el antisemitismo-. La segunda consecuencia era que esta patria de carácter histórico con derechos inalienables dejaba en segundo plano a los árabes residentes en esos territorios desde siglos antes. Según esta teoría, los árabes autóctonos palestinos, a diferencia de los judíos, no eran una comunidad separada con características propias –como sí lo eran los judíos residentes allí-, con un pasado en común y un futuro por delante, sino que, por el contrario, pertenecían a una nación superior –la nación árabe sin estado- en la que las tierras palestinas propiamente dichas no tenían ningún significado específico. Este argumento justificaba el derecho de congregar a todos los judíos del mundo en sus tierras, las tierras de Palestina, para poder conformar un Estado-nación de carácter predominantemente judío, en el cual sin duda estaba permitido el asentamiento de otras comunidades, las cuales tendrías los mismos derechos que los judíos, pero solamente constituirían una minoría.
A partir de 1881 la historia de los judíos dio un giro copernicano, y ello en buena medida se debió a un renacimiento del antisemitismo en países como Rusia, Alemania, Francia y Austria. Los pogromos[5] realizados en Rusia en ese año, luego del asesinato del zar reformista Alejandro II el 13 de marzo y la ascensión al trono de Alejandro III, marcaron el comienzo de un acoso que se prolongó por más de tres años. Las leyes de marzo de 1882 significaron la separación de los judíos de sus tierras y la limitación clara de sus derechos. Pero el antisemitismo fue de vasto alcance: la Okrana, policía política imperial, creó en 1903 el grupo terrorista llamado “Centuria Negra”[6] que se dedicó a organizar salvajes matanzas contra la población judía bajo el lema “Golpea al Judío y salva a Rusia”.
El flujo migratorio producto de las persecuciones muestra cifras espectaculares: entre 1881 y 1914 alrededor de 3 millones de judíos abandonaron Europa Oriental para buscar una mejor vida. Del total de los emigrados, las dos terceras partes tuvieron como destino Estados Unidos, mientras que el tercio restante buscó opciones variadas, como la Argentina, Australia y Canadá, entre otros.
Luego de los trágicos acontecimientos de 1881 –las persecuciones en el sur de Rusia conocidas como “las tormentas del sur”- comenzaron a surgir en el seno de la sociedad judía organizaciones nacionalistas de jóvenes que abogaban por la unificación de la comunidad judía en su propia patria, la tierra de Israel. Dentro de estos intentos de formular una ideología nacional sionista fue fundamental el ensayo de Iehuda Leib Pinsker (1821-1891) titulado “Autoemancipación”. En ese escrito, el autor –uno de los principales ideólogos de la “cuestión judía”- considera como base del problema el hecho de que la dispersión por el mundo se tradujo en la existencia de una minoría incomprendida situada en medio de distintos pueblos. La solución era entonces la autoliberación de los judíos en su propia patria dejando de peregrinar por todo el mundo. Es importante aclarar que Pinsker no pensó exclusivamente en la tierra de Palestina: debido a la terrible situación de los judíos en Europa oriental, era preciso encontrar una solución inmediata; de allí propuestas como la instalarse en Uganda.
En la fase de gestación del movimiento sionista tuvo también suma importancia la figura de Nathan Birnbaum (1864-1937), considerado por muchos como el primer expositor de las ideas culturales del sionismo a partir de sus escritos en un periódico judío de Viena, Selbstemanzipation (Autoemancipación), en el que expuso que el movimiento nacional judío debía llegar a ser una fuerza política y hacer reconocer los derechos del pueblo judío en Palestina.
Más allá de los aportes de los teóricos citados, Theodore Herzl (1860-1904) –periodista austriaco judío- es considerado como el auténtico organizador del movimiento sionista. Este prestigioso periodista, perfectamente asimilado a las costumbres y usanzas de su país natal, fue testigo presencial del famoso caso de Alfred Dreyfus, capitán del ejército francés de origen judío, acusado de espionaje y alta traición a Francia en favor de los intereses alemanes[7]. Esta falsa acusación conmocionó a una parte importante de la sociedad francesa y Herzl pudo observar las manifestaciones callejeras del pueblo convulsionado por los acontecimientos, mostrando un antisemitismo irracional. Ante estos hechos, Herzl comprendió la necesidad de resolver la cuestión judía, planteando esa solución en su famoso libro llamado “El Estado Judío” (Herzl,1895). Si bien es considerado padre del movimiento sionista, en sus comienzos Herzl no fijaba exclusivamente su vista en Palestina y en el monte Sión: “Que se nos otorgue la soberanía sobre una parte del planeta lo bastante grande para satisfacer las justas exigencias de una nación; lo demás lo haremos por nosotros mismos” (Idem, p. 71).
Incluso entre sus planes se encontraba la posibilidad de adquirir tierras en la Patagonia argentina, en el territorio de Uganda -que por ese entonces era parte del Imperio británico- o en Kenia. donde los británicos en 1903 le ofrecieron al movimiento sionista más de 10.000 Kms cuadrados. Su sionismo fue manifiestamente político, ya que las formas que planteaba para la consecución de sus objetivos eran políticas y diplomáticas. Consideraba el problema judío como un problema a escala internacional, y por lo tanto sostenía que la solución a esta crisis sólo podía alcanzarse por medio de acuerdos diplomáticos con los grandes dirigentes políticos mundiales, como el emperador alemán y el sultán turco, con el objetivo último de lograr una posible legitimación de la inmigración judía en las tierras palestinas manifestándose contrario a las posiciones que hablaban de infiltración y colonización sin ningún tipo de garantías:
Herzl optaba por esta estrategia, firmemente apoyada por una gran parte del movimiento sionista, porque estaba convencido de que los indígenas árabes residentes en tierras palestinas desde hacía muchas generaciones no iban a estar de acuerdo con la inmigración en masa de judíos, por lo que era imprescindible una legitimación internacional para lograr los objetivos deseados. El aporte principal de Herzl a la causa judía fue la idea de la fundación de un Estado para el pueblo judío; su trabajo fue la expresión en términos políticos –la formación de una entidad estatal moderna- del deseo místico de la comunidad judía en diáspora. Su ímpetu y fuerza de voluntad animaron a un movimiento nacionalista cada vez más estructurado y abocado a la conformación de un Estado judío en las tierras de Palestina.
Entre el 29 y el 31 de agosto de 1897 logró convocarse el primer Congreso Sionista Mundial en Basilea (Suiza), cuyo principal objetivo era la unificación de de todas las organizaciones sionistas del mundo[8]. A este primer Congreso asistieron 200 delegados de países de todo el mundo y de él surgió lo que para muchos fue el texto fundador del movimiento sionista, en el que se establecía como patria para el pueblo judío la tierra de Israel (De Langhe, 2003, p. 62).
En el primer Congreso se creó la Organización Sionista Mundial, encargada de agrupar a todas las instituciones que en cualquier lado del mundo –sea la misma Palestina o cualquier otro sitio- apoyaran la creación del Estado judío. La organización se encargó de convocar a los sucesivos congresos mundiales: tanto el II (1898) como el III (1899) tuvieron lugar en Viena. Lo destacable del II Congreso fue, a pesar de la insistente negativa de Herzl, la decisión explícita de estimular la colonización en territorio palestino aunque no fueran establecidos acuerdos diplomáticos ni garantías políticas. El IV Congreso (1900) fue convocado en Londres y el V (1901) nuevamente en Viena. En este último se organizó la Banca Nacional Judía y “se adoptó el principio de rescate sistemático de la tierra en Palestina con la creación del Keren Kayemeth LeIsrael”, o Fondo Agrario Nacional.
En 1903, se celebró el VI Congreso Sionista donde nuevamente se planteó como una posibilidad el establecimiento del Estado Judío en el territorio de Uganda. Este supuesto cambio de planes de debió fundamentalmente a la necesidad de salvar a los judíos rusos que estaban siendo exterminado por los pogroms que tuvieron lugar en Kisinev (1903), una de las peores matanzas perpetradas por las “Centurias Negras”, donde murieron 45 judíos, muchos quedaron heridos y cientos de ellos fueron expropiados. Sin embargo, este plan fue rechazado por la mayoría del movimiento considerando como única opción para el asentamiento judío la tierra de Palestina: no hay sionismo sin Sion.
En 1904 muere Herzl, y si bien hubo una crisis interna entre posible sucesores del carismático padre del movimiento –los candidatos eran Willard I. Zangwill, considerado pro-occidental y Chaim Weizmann, representante del judaísmo ruso- para el VII Congreso convocado nuevamente en Basilea (1905), esta crisis fue superada estableciéndose por un lado que el líder del movimiento era Weizmann, y además que el principio fundamental del movimiento era la formación de un Estado Judío en tierras palestinas.[9]
Paralelamente a la colonización sionista comenzaron a fundarse colonias obreras. En 1908 aparecen las primeras aldeas cooperativas llamadas mochavin, pero luego de dos años de preparación en 1910 se funda en Um Junieh Degania el primer kibutz. Según Weinstock, la búsqueda de vías alternativas y originales de colonización obrera se debió a las experiencias desdichadas pasadas en las que las granjas sionistas habían sido dirigidas por un jefe, situación que provocó reiteradas huelgas.
Al llegar a la Primera Guerra Mundial, el sionismo era la clara expresión del nacionalismo judío, y a pesar de algunas diferencias internas estaba fuertemente estructurado y organizado.
Judaísmo versus sionismo
Con el surgimiento del sionismo a finales del siglo XIX, la comunidad judía sufrió un gran cisma. Este se presentó a sí mismo como un movimiento de liberación del pueblo judío frente al antisemitismo creciente en el mundo; sin embargo, esta visión totalizadora no fue compartida por el conjunto de la comunidad judía. Por el contrario, recibió la condena y el rechazo de sectores influyentes dentro de ella. La oposición judía al sionismo fue –y aún hoy sigue siendo- muy amplia, e incluyó en ese entonces: movimientos modernistas e ilustrados asimilacionistas, como la Alianza Israelita Universal[10], tendencias socialistas y comunistas, y los grupos religiosos ortodoxos.
Los grupos progresistas, estaban fundamentalmente en contra del carácter utópico del movimiento. Para ellos ya era demasiado tarde para intentar agrupar a millones de judíos del mundo, que tenían una vida organizada y hasta puestos de poder, en una porción de tierra. “La humanidad estaba avanzando hacia la asimilación, el cosmopolitismo y la cultura mundial” (Laquer, 2003, p.385). El avance económico y social tendía cada vez más a borrar las diferencias nacionales; ir en contra de la historia era calificado como utópico y reaccionario.
En segundo lugar, las tendencias socialistas y comunistas, que desde una perspectiva cuasi filosófica coincidían con la vertiente progresista en la crítica que le hacía al sionismo, pero diferían en el proyecto de base. “No solo la aculturación comunista, sino también la asimilación en las filas de la izquierda supuso una contrafuerza poderosa frente al sionismo, que propagaba los principios del internacionalismo y del universalismo” (Karady, 1999, p. 193). Cuando el proyecto sionista comenzó a desplegarse, estos grupos lo acusarán de “imperialista” y “colonizador”, similar e incluso peor que cualquier empresa realizada por las naciones europeas, y cuyo único objetivo era obtener el aval de las grandes potencias para lograr sus objetivos.
A la vertiente laica-progresista y de izquierda se le sumaron los grupos religiosos más ortodoxos, que consideraron que el discurso sionista hacía una lectura tribal de la Biblia para justificar bajo pretextos religiosos una estrategia imperialista y colonizadora. La interpretación que realizaban los sionistas de los Textos Sagrados generó un repudio de amplios sectores religiosos, ya que en su visión representaba una negación de la tradición judía, concibiendo a este movimiento como una amenaza “implacable y frontal” al judaísmo. Fue así que, paralelamente al fortalecimiento del sionismo se gestó un movimiento dispuesto a contrarrestar la propuesta de Herzl: “(…) la pretensión de T. Herzl, de representar al pueblo judío como una totalidad irrita tanto a las autoridades rabínicas como a los notables de las comunidades” (Rabkin, 2008, p. 27). En 1897, se convocó una conferencia en Montreal a propuesta del rabino Isaac Meyer Sise, la personalidad judía más relevante de Estados Unidos, y en esta conferencia se alzó una propuesta de oposición radical al sionismo:
La oposición al sionismo político y a su nacionalismo se fundaba en lo esencial de la tradición judía y su fidelidad a la fe profética, expresada claramente, por ejemplo, en las palabras del rabino Hirsh, pronunciadas el 3 de octubre de 1878 y publicadas por el Washington post: “El sionismo es diametralmente opuesto al judaísmo. El sionismo quiere definir al pueblo judío como una entidad nacional (…) Esto es una herejía (citado por Garaudy, 1987, pp. 194-195)
Este rechazo frontal a la vertiente política del sionismo se justifica si comprendemos la negativa por parte del pueblo judío a cumplir durante casi veinte siglos su misión universal de volver a la tierra de Israel. La disociación entre el pueblo judío y los sionistas sobrepasaba para ellos los confines de la historia judía. Como ha quedado claro, a lo largo de la historia los judíos han demostrado de forma eficiente de qué manera un pueblo puede mantener sus tradiciones e identidad sin tener que depender de un marco estatal.
El impacto de la Primera Guerra Mundial
Si bien la guerra de 1914-18 fue de carácter europeo, tuvo consecuencias en el complejo mundo colonial: la importancia del Medio Oriente como fuente de aprovisionamiento de un elemento fundamental como el petróleo, pero también como vía de paso, hicieron inevitable que el conflicto llegara a esas tierras.
Los acontecimientos que generaron este enfrentamiento supusieron un quiebre en el mundo colonial, ya que sirvió entre otras cosas, para acelerar muchos procesos de afirmación nacional que se venían gestando. Como sostiene Grimal (1989) tanto el mensaje del discurso bolchevique como la declaración del presidente norteamericano Woodrow Wilson sobre la autodeterminación de los pueblos, fue el telón de fondo de las reivindicaciones particulares de las naciones que hasta ese entonces habían estado sometidas al control colonial. [11]
Con los territorios extra europeos se procedió de una manera particular, ya que los catorce puntos del Wilson sólo fueron aplicados a los territorios europeos. Contrariamente a las promesas británicas hechas a los pueblos árabes, los vencedores no consideraron “oportuno” la autodeterminación de esos pueblos y por medio de acuerdos establecieron un sistema de Mandatos. Este suponía una superación del antiguo sistema colonial y marcaba, al menos en la teoría, el camino para la independencia de la zona. Se establecieron tres tipos: por un lado los orientales, denominados A; en un segundo lugar los africanos llamados B, y en un tercer y último lugar los coloniales o C, que incluían las zonas de África sudoriental y territorios del Pacífico en poder alemán hasta la guerra. Si bien el territorio árabe no fue claramente objeto de apropiación por parte de las potencias, tampoco permitía el ejercicio pleno de sus derechos por parte de sus habitantes. Esta política fue tomada por ellos como una traición y dio lugar a un gran malestar en la zona, punto de partida del panarabismo. Asimismo, la limitación del poder del Califa de Constantinopla generó un fuerte movimiento de protesta en el interior del mundo islámico que se extendió más allá del mundo árabe.
En las conferencias de paz celebradas en Paris, no participaron ninguna de las naciones que aspiraban a su autodeterminación; por el contrario, Francia y Gran Bretaña ejercieron una poderosa tutela sobre los mandatos de tipo A y B, especialmente los territorios pertenecientes al vencido Imperio Otomano, considerados de importancia estratégica. Francia a cargo de los territorios de Siria y el Líbano, e Inglaterra para la Mesopotamia y Palestina incluidos los territorios de Jordania e Israel, se comprometieron ante la Sociedad de las Naciones, a determinar y asegurar las futuras vías para la independencia. Sin embargo, la vaguedad con la que se planteó el proceso emancipatorio dio lugar a una visible lentitud; sólo el territorio de Irak logró conseguir su independencia antes de 1945.
Al intervenir en la Gran Guerra como aliado de los alemanes, el Imperio Otomano quedó situado dentro el bando perdedor; por ello, a partir de 1916 Francia e Inglaterra a decidieron comenzar a concretar la repartición de las provincias árabes pertenecientes al imperio. Así fue que por medio de acuerdos secretos firmados por el cónsul general francés Charles Picot y el diputado británico sir Mark Sykes –los llamado acuerdos Sykes-Picot, luego revisados y reconfirmados por el acuerdo de Lausana 1923-, Gran Bretaña se apoderó del este de Irak con los protectorados de Omán, Bahréin y Kuwait, lo que indudablemente le permitió aumentar su presencia en el tan disputado Golfo Pérsico, clave por su posición estratégica en la ruta hacia la India. Además, acumuló influencia en el resto de Irak, el norte de la península Arábiga y Transjordania. Por su parte, Francia acaparó para sí el Líbano, Siria y el norte de Irak. Por último, Palestina quedó bajo control británico (Kraumer, 2008, p. 147)
Mientras todo esto se desarrollaba, en Siria, Irak, el Líbano y el reino de Nejdz y Herjaz (Península Arábiga), surgieron grupos que aspiraban a la formación de un gran Estado árabe independiente. En 1930 se concretó la independencia de Irak; Siria y el Líbano accedieron a una autonomía controlada en 1936, y Egipto en 1923 obtuvo la independencia formal. En la mayoría de los casos las potencias occidentales consintieron el acceso al poder de familias tradicionales que de alguna manera “juraron fidelidad” tanto a ingleses como franceses.
Por su parte, en noviembre de 1917 el ministro de Asuntos Exteriores Arthur James Balfour comunicó a los sionistas residentes en Londres que la corona británica contemplaba la posibilidad de establecer una patria nacional para el pueblo judío en territorio palestino.
La guerra constituyó un sensible freno para el avance del movimiento sionista y abrió un período difícil para la población judía residente en tierras de Israel (ishuv): de los 85.000 judíos colonos, luego de la contienda quedaron 56.000. Mucho tuvieron que abandonar esas tierras debido a las medidas adoptadas por el gobierno turco contra los judíos; otros, sin embargo, lograron soportar los malos tratos y se prepararon para luchar.
La rápida jugada realizada por el movimiento sionista británico y sus contactos con el gobierno hicieron posible ligar el futuro político del sionismo con los intereses británicos. Esta decisión fue fundamental porque fervientes activistas sionistas se encargaron de organizar brigadas probritánicas para luchar en la contienda[12]. Pero no fueron los esfuerzos realizados por los ishuv los que provocaron la buena voluntad británica con respecto a los intereses nacionalistas judíos; fueron factores de orden estratégico. En primer término, consideraron que apoyando al sionismo lograrían influir en el sionismo americano, provocando el ingreso de los Estados Unidos a la contienda. En segundo término, apostaron por ciertos acuerdos con los sionistas, ya que consideraban decisiva su ayuda para expulsar al Imperio Otomano de la zona. En tercer lugar, pensaban que al apoyar al sionismo y eliminar a los turcos, encontraban una justificación para el abandono del compromiso contraído con Francia en 1916 por medio de los acuerdos Sykes-Picot. Por último, consideraban que una parte del cuerpo de oficiales alemán y austríaco era judío[13]; de allí que intentaran persuadir a los oficiales de los ejércitos a desertar. Para ello lanzaron una masiva propaganda en yiddish sobre Alemania y Austria proclamando que los aliados estaban dando tierra de Israel al pueblo de Israel, y de esta forma la victoria aliada implicaría el retorno del pueblo judío.
Londres entró en contacto con la organización sionista, y más específicamente con su futuro presidente Chaim Weizmann, “el judío inglés”. Durante largos meses se establecieron negociaciones para poder redactar una declaración que implicara el claro apoyo del sionismo a la causa de la Entente a cambio del reconocimiento británico de la causa judía.
Luego de algunas tratativas, los británicos optaron por la famosa “Declaración Balfour”, en la que se establecía:
No hay duda de que esta declaración constituyó un triunfo importantísimo para el movimiento sionista; sin embargo, su trascendencia en el ámbito mundial fue relativa. De hecho, no fue la “Declaración Balfour” la que allanó el camino para la creación de Israel ya que, como veremos, fueron los ingleses los que luego intentaron obstaculizar el camino hacia la conformación del Estado judío.
Paralelamente a las negociaciones con los sionistas, los ingleses desarrollaron un intercambio entre el representante británico en Egipto, Henry MacMahon y Al -Hussein, el guardián de La Meca. El documento resultante fue la carta del 24 de octubre de 1916 en la que el Alto Comisariado prometía la creación de un reino árabe independiente de casi toda la extensión asiática del Imperio otomano, a cambio de la ayuda militar en la guerra[15]; aunque, vale aclarar, sometido a una conexión institucional con Gran Bretaña. En un principio, las tierras de Palestina parecían encontrarse dentro del territorio ofrecido por los ingleses a Hussein, aunque en la carta, al mencionar a Jerusalén, se hablaba de garantizar la inviolabilidad internacional, lo que pareciera aludir a algún tipo de acuerdo, pero sin quedar del todo claro.
La rebelión de Hussein, estalló en junio de 1916 en el Hedjaz, costa occidental de la Península Arábiga. El objetivo era debilitar el dominio del Imperio turco sometido desde hacía dos años a fuertes enfrentamiento con los países de la Entente. Estos episodios de guerra en el desierto provocados por los árabes –entre los que destacan los hijos de Hussein, Faisal y Abdulah- con ayuda de los británicos y la intervención de Thomas Edward Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia[16], provocaron el debilitamiento del Imperio Otomano en tierras asiáticas. La revuelta evolucionó de forma positiva para los árabes, lo que permitió que, en octubre de 1918, Faisal lograra instalarse en Damasco –capital del reino que él creía prometido- y se proclamara Rey de los Árabes. Los límites geográficos de este reino no estaban del todo claros, pero, sin duda no incluían el Líbano y Palestina, debido a que el primer territorio fue entregado a Francia y el segundo a Gran Bretaña. Finalmente, el devastado Imperio Otomano firmó el armisticio de Mudros, el 30 de octubre de 1918, y el consiguiente tratado de paz de Sèvres en 1920, en el que el territorio turco quedaba confinado al corazón mismo de Anatolia. El resto de la Turquía asiática fue ocupado por los aliados.
El período de entreguerras
Los intereses y pretensiones de los ingleses sobre Medio Oriente cambiaron apenas finalizó la Primera Guerra Mundial. Sus objetivos estratégicos experimentaron un viraje desde una posición filosionista a otra proárabe, basándose en una política exterior mucho más realista que ética e idealista. En este nuevo contexto, el movimiento sionista consideró fundamental un acercamiento al mundo árabe y a finales de 1918 el líder del movimiento, Weizmann, se entrevistó con el emir Faisal, líder del nacionalismo árabe que, como vimos, estaba por ser coronado rey de Siria. En esos años se establecieron buenas relaciones entre los dos movimientos llegando incluso a firmarse el 3 de enero de 1919 un pacto entre ambos, en el que el emir prestaba su apoyo a la Declaración Balfour y a la inmigración judía. Incluso en una carta posterior del 5 de marzo de 1919, el emir Faisal reivindicaba los dos nacionalismos y consideraba que de hecho ambos movimientos se complementaban:
En relación con esta alianza estratégica entre una elite árabe y el movimiento sionista, Finkelstein considera que “la dependencia fundamental del sionismo con respecto a los británicos para establecer y mantener su dominio en Palestina, restringía sus opciones frente al mundo árabe” (2003, p.75), es decir que sólo podría llegar a algún acuerdo en tanto y en cuanto éste fuera funcional a los intereses británicos en la zona. En la práctica, eso significó que los sionistas pactaran con una elite árabe igualmente dependiente de los británicos –el emir Faisal- que era sumamente impopular entre su propio pueblo. “Dada la propia naturaleza del proyecto sionista –esto es, la pretensión de implantar un Estado judío excluyente en medio del mundo árabe y a expensas de los árabes palestinos- sólo de las élites árabes más corruptas podían en cualquier caso esperarse que se alinearan con él” (Idem, p. 46).
Los ingleses poco a poco se desentendieron de su responsabilidad en la creación del Hogar para los judíos que estipulaba la Declaración Balfour; sin embargo, el movimiento sionista no se manejó solamente mediante una estrategia diplomática, sino que efectuó en forma paralela una política de colonización de tierras palestinas. Ya en la década de 1920, la población judía se triplicó llegando a 160.000 personas; se crearon numerosas colonias agrícolas y empresas industriales, a pesar de la política británica contraria a la inmigración judía en la zona. En octubre de 1920 se reunió la denominada Asamblea Constituyente, que sería luego llamada Asamblea Electa. Formaron parte de esta organización los representantes de los partidos políticos hasta ese entonces existentes, prevaleciendo desde un principio los partidos de corte socialista, destacándose entre los mismos el Mapai (Partido de los Trabajadores de la Tierra de Israel- Mifleget Poalei Eretz Israel)[17], liderado por David Ben Gurión.
Para ese entonces sólo faltaba cerrar diplomáticamente el mapa de Medio Oriente, lo que se efectuó en una conferencia en El Cairo en marzo de 1921, en la que las potencias mandatarias establecieron los límites en la región de la Mesopotamia. El rey Faisal quedó con el premio consuelo de ocupar el actual territorio iraquí, mientras que su hermano obtuvo un pequeño territorio en Transjordania, donde fundó la ciudad de Amman.
Finalmente, el 24 de abril de 1922, la Sociedad de las Naciones confirmó la vigencia del Mandato Británico en Palestina. La situación allí era bien diferente a la de Irak y Transjordania, ya que Londres en este caso no podía proceder a la institucionalización de un nuevo Estado porque eso significaba inclinarse ante la fuerza numérica de los árabes.
Tres fuerzas actuaron sobre las tierras palestinas, y determinaron el futuro de la situación: 1) Gran Bretaña, que desde ese año ejerció el Mandato sobre esas tierras hasta mayo de 1948, pero que recién en 1937 reconoció la necesidad de dividir las tierras palestinas en dos estados distintos, uno árabe y otro judío. 2) Los sionistas, que desde hacía años venían organizando sus propias instituciones que luego le permitieron constituirse como Estado. 3) los árabes palestinos, representados por el Consejo Supremo Musulmán, presidido por el Muftí de Jerusalén, Hadj Amine Al Husseini, y el Partido Palestino Árabe Nacional, y más tarde por el Alto Comité Árabe creado en 1936 que, sintiéndose traicionados por los británicos, comenzó a efectuar acciones violentas contra los judíos.
Los primeros episodios tuvieron lugar en abril de 1920 con motivo de la festividad religiosa coincidente para judíos y palestinos (Yom Kippur). El Día del Trabajador de ese mismo año también estuvo teñido de violencia, lo que obligó a Gran Bretaña a enviar la primera de una serie de comisiones destinada a investigar el problema árabe-judío. La primera (1921) estuvo a cargo de lord Thomas Haycraft –de allí toma el nombre de Comisión Haycraft-, determinando que la principal causa del conflicto en la zona eran las constantes inmigraciones judías. Al año siguiente, cuando Wilson Churchill estaba a cargo del ministerio de Colonias, se publica en Londres un Libro Blanco [18]. En él se argumentaba que nunca se había pretendido la subordinación de la mayoría árabe a ninguna autoridad sionista y se dio un paso más en la aceptación de las exigencias árabes al permitir la emigración en la medida en que fuera posible por la capacidad de absorción económica de Palestina:
En 1928 y en agosto de 1929 tuvieron lugar unas nuevas rebeliones antijudías en Jerusalén, caracterizadas por un alto grado de violencia. La nueva comisión enviada para estudiar el caso, denominada Shaw, dio lugar a la publicación de un nuevo Libro Blanco en mayo de 1930. Allí se proponía la limitación de la inmigración judía en la zona, prohibiendo además la compra de tierras por parte de éstos; esta política, sin embargo, fue rechazada por el gobierno británico.
El rechazo de este segundo Libro Blanco y la cada vez más importante inmigración judía en la zona generó un aumento del antisionismo árabe, provocando un levantamiento general convocado por el Comité Supremo Árabe, que duró desde 1936 hasta 1939. Estos casi tres años de rebelión sin frentes permanentes, fue llamada por los palestinos la Gran Revuelta. La misma consistió en el accionar fundamentalmente espontáneo de campesinos y sectores marginados de los centros urbanos, que tomó por sorpresa a la pequeña elite de dirigentes palestinos (sólo un 9% participaron, y menos de un 5% digirió acciones armadas o de guerrilla). El levantamiento, si bien fue precipitado por los desafíos y las inequidades surgidas producto del enclave judío en el Mandato, se presentó claramente antibritánico. La revuelta puso en serios aprietos a la administración británica, generando que la potencia mandataria desplegara un gran número de tropas en la zona (Kramer, 2008, p. 12). Debido a que los judíos apoyaban a la potencia mandataria, pasaron a ser contendientes del conflicto. El hecho que la revuelta árabe fuera dirigida ante todo contra los británicos, “(…) tal vez sea el mejor reflejo de la actitud de los árabes respecto de la presencia sionista en Palestina (...) Creían sinceramente que el yishuv se vendría abajo en cuanto se le negara el apoyo político de la potencia mandataria” (Ben Ami, 2006, p. 21).
En un primer y tentativo “alto el fuego”, empezó a redactarse el llamado Informe Peel, presidida por Lord Robert Peel, que se publicó en julio de 1937. “En el mismo se recomienda la partición de los territorios en una zona palestina y una israelí, ambas de extensión similar, parcheadas en forma de cantones para cada bando, y una faja central, bajo control de Londres que unirá Jerusalén con el puerto de Jaffa” (Bastenier, 1999, p. 68). El Congreso Sionista de ese año aceptó este Plan de partición; sin embargo, los árabes no llegaron a un acuerdo.
En noviembre de ese mismo año se publicó un nuevo informe británico, redactado por la Comisión Woodhead, que proponía la demarcación de las tres zonas en que debía dividirse Palestina, de las cuales dos terceras partes les pertenecerían a los árabes. En esta ocasión no sólo los árabes rechazaron el plan de partición, sino que también los sionistas se sumaron al repudio.
Por esos días, los ingleses renunciaron finalmente a la idea de partición y plantearon la convocatoria de una conferencia en Londres que duró hasta marzo del año siguiente. Los representantes británicos se reunieron por separado con los árabes y con los sionistas, y de ambas reuniones surgió un nuevo Libro Blanco denominado Mac Donald, en el que se planteó como solución la formación de un Estado en el que los dos pueblos, el árabe y el judío compartirían una autoridad, prescindiendo de esta forma del proyecto de partición. Además, establecía que, durante el período de transición hacia ese Estado binacional, el gobierno mandatario controlaría estrictamente la inmigración y las transferencias de tierras. De hecho, el gobierno británico redujo de manera drástica la inmigración judía en la zona y limitó la adquisición de tierras confiando en poder ganarse así la simpatía de los árabes. El objetivo de Londres ante el nuevo contexto mundial era, por un lado, no traicionar sus intereses sin que por ello se complicara la situación con la diáspora judía.
La Gran Revuelta hizo patente para todos los sectores que componían el movimiento sionista, que el conflicto entre dos naciones con objetivos diametralmente opuestos era de carácter irreconciliable. De hecho, esta revuelta es considerada por muchos como el preludio de la guerra declarada entre árabes y judíos por la propiedad exclusiva de Palestina. La brutal represión de los británicos condujo a la comunidad árabe al borde del colapso y la disolución, y de alguna manera creó las condiciones para la “catástrofe” árabe de 1948. Éstos debieron pagar muy alto precio por el desafío realizado a la metrópoli: se vieron despojados de sus líderes e instituciones representativas, y debieron ver como el principal líder del nacionalismo palestino, el Mufti[se viera obligado a huir del territorio.
El conflicto árabe-judío se mantuvo latente durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, cuyas consecuencias condicionaron en gran medida el desarrollo de la cuestión palestina.


Bibliografia

Mercedes Saborino :El origen del conflicto de Medio Oriente: una revisión historiográfica

Ramirez         R.A  "Proceso  histórico Bélico  en el Medio  Oriente "


Palestina, el porqué de la tragedia
S. H. D. Akel
Palestina, el porqué de la tragedia: 2007

La guerra de siempre: pasado, presente y futuro del conflicto árabe-israelí
M. Á. Bastenier
La guerra de siempre: pasado, presente y futuro del conflicto árabe-israelí: 1999

Cicatrices de guerra, heridas de paz. La tragedia árabe-israelí
S. Ben Ami
Cicatrices de guerra, heridas de paz. La tragedia árabe-israelí: 2006

https://es.scribd.com/...rente-Al-Estado-de-Israel
A. Criscaut
Documentos de trabajo Cemoc: 2008

Breve historia el sionismo
J. B. Culla
Breve historia el sionismo: 2005

lunes, 16 de diciembre de 2024

Generacion según tu años de Nacimiento

Para empezar, debemos definir el termino de generación, Una generación es "toda la gente que nace y vive más o menos al mismo tiempo, considerada colectivamente". También puede describirse como "el periodo promedio, generalmente considerado como de 20 a 30 años, durante el cual los niños nacen y crecen, se convierten en adultos y comienzan a tener hijos".

Los     procesos históricos    de la civilización    han producido al largo del espacio tiempo   una serie de profundas   transformaciones que provocado que esta    haya     provocado que las sociedades   produzcas sucesos de gran envergadura como por ejemplos guerras, epidemias plagas etc.  que sucedido en diferentes generaciones   como la mal llamada gripe española ocurrida llamada   generación   perdida   que fue muy mortal,

Otro suceso de relevancia histórica es lo que   la humanidad atravesó en momentos   que se vivía la generación grandiosa este suceso de cambio fueron mundiales como   la revolución mexicana rusa   primera guerra mundial reflejando de una manera precisa y concreta que los actores de   la misma marcaran hitos únicos en la sociedad.

Durante la generación silenciosa los actuantes de la misma dejaron muestra de sus accionar en la misma muestra de ello la depresión económica que vivió el mundo previamente habían producido los años locos de 1920 que fue el momento de derroche y liberación    femenina más marcada   en algunas latitudes se le dio el voto a la mujer.

Produjo también los regímenes totalitarios como el fascismo, Nazismo que distancio a la especie humana con los ya conocidos prejuicios de racismos en todas sus variantes.  Se incremento el antisemitismo   lo que abono el camino   para que el sionismo se alimentara causando en la sociedad muchas muertes. de otro lado el naciente socialismo soviético   encontró en Lenin   y en Stalin a sus más   destellantes representantes.   Así mismo el nazismo alemán   provocaría    una segunda guerra mundial y uno de los más grandes genocidios de la humanidad, llevando estas décadas el título de generación silenciosa.

Ya terminada   la segunda guerra mundial   la sociedad en pleno produjo una gran transformación   por un lado los perdedores de la guerra y sus aliados se vieron mermados en sus reservas sociales, económicas etc.

Para    los triunfadores y sus aliados produjo un fenómeno social llamado crecimiento   poblacional en ambos lados del globo   tal es así que las décadas de 1945    a 1964   los entendidos en el tema denominaron a este laxo de tiempo generación Baby Bomer Los hechos que se sucedieron en este instante histórico   son   la detonación de las primeras bombas atómicas   que marco la rendición incondicional del   Japón.

Se   puso en marcha el plan marshal   para recuperar Europa    del flagelo de la guerra, se dio también la trágica muerte de Gandhi en manos de un asesino pro Pakistán.

En   su deseo de parar el   socialismo soviético los estados occidentales crean un organismo llamado   la O.T.A.N siglas que significan organización del atlántico norte el mismo que tiene   como finalidad   equilibrar la balanza del crecimiento y poderío militar de sus socios frente al hegemonismo   soviético son solo ejemplos de los hechos relevantes que cada generación han producido   a través   de sus lideres   en su estancia vivencial.

Durante la  denominada  generación X  en el  mundo se   produjeron  sucesos  de relevancia    para la  civilización  humana  como  los fueron  La  guerra  de Vietnam    la  guerra  de los  seis  días  en Asia, la primavera  de Praga , muerte  de  Martin  Luther King ,  de Bobby  Kennedy   la   llegada  del hombre a  la  luna ,la revolución de los  claveles ,los jemeres rojos toman el poder en Camboya,   nacimiento  del  primer  bebe probeta (1978), la invasión soviética a Afganistán  la  crisis  del petróleo   la creación de la O.P.E.P.

Generación Y o Millenials (1981-1996): También conocidos como la generación del milenio, los Millenials son la generación que sigue a la Generación X y precede a la Z.

Es conocida por su familiaridad con la comunicación, los medios y la tecnología digital. Crecieron durante la expansión de Internet, el auge de los teléfonos móviles y las redes sociales, y también son reconocidos por su valor en la educación y un fuerte sentido de comunidad y responsabilidad social.

Generación Z (1997-2014): La Generación Z, también conocida como la generación posmilénica o iGen, es la cohorte demográfica que sigue a los Millenials.

Se caracteriza por su gran familiaridad con el internet, la tecnología y las redes sociales desde una edad muy temprana. Esta generación ha crecido en un mundo altamente conectado y es conocida por su fluidez digital, su preocupación por temas sociales y ambientales, y una tendencia hacia el emprendimiento y la innovación.

Generación Alfa (2015 al presente): Los niños nacidos desde principios de 2015 hasta la actualidad se consideran parte de la Generación Alfa. Incluye a los niños nacidos desde los primeros años de la década de 2010 hasta mediados de la década de 2020. Estos niños son los primeros en nacer completamente dentro del siglo XXI y su vida está profundamente marcada por el avance de la tecnología y la hiper conectividad.

Los miembros de la Generación Alfa están creciendo en un mundo donde los smartphones, las tabletas, y la realidad aumentada son parte de la vida cotidiana desde una edad muy temprana. Además, la educación y el entretenimiento están cada vez más influenciados por el uso de plataformas digitales y contenido interactivo.

 

Bibliografía

Ramirez R     2010 “Hechos Históricos que Marcaron la historia”

H Gardner, K Davis - 2014 - academia. ed

https://www.excelsior.com.mx/trending/guia-completa-generacion-por-generacion/1656763

La Generación Z y las Redes Sociales. Una visión desde los adolescentes en España

E Álvarez Ramos, H Heredia Ponce

De la Generación@ a la# Generación

C Feira - 2014

 

 


 


lunes, 6 de mayo de 2024

Conocimiento y Aprendizaje (Parte II)

 La especie humana se caracteriza por desarrollar el conocimiento haciendo uso del aprendizaje es aquí en el segundo punto en donde la especie humana a lo largo de su existencia ha discutido si se viene con el conocimiento vía genética o es adquirida por medio de la experiencia. Puesto que desde que el hombre como especie empezó a hacerse interrogaciones esta dualidad le ha permitido desarrollarse a lo largo de su existencia.

 Desde que estuvo en el Edén o desde que estuvo en la caverna esa es otra discusión que no hablaremos en esta ocasión nos ocuparemos del acoplamiento entre conocimiento y aprendizaje por sobrevivencia llamado instinto natural o por su capacidad de adaptación de este, a su entorno.

El conocimiento tiene una variada y nutrida definición según quien la defina según la medicina, filosofía, etimología en fin nos encargaremos de definirla perse.

 La real academia de la lengua española define al conocimiento como Acción y efecto de conocer, Entendimiento razón natural Inteligencia, Noción saber algo. Noticia. Estado de vigilia en que una persona es consciente de lo que le rodea.

 

Mientras que aprendizaje se define como Acción y efecto de aprender algún arte, oficio u otra cosa. Adquisición por la práctica de una conducta duradera.

 

Adquisición del conocimiento de algo por medio del estudio, el ejercicio o la experiencia, en especial de los conocimientos necesarios para aprender algún arte u oficio.

 

"del aprendizaje al oficio; el aprendizaje en la escuela; el aprendizaje de las lenguas modernas; ejercicios de aprendizaje de la lectura, la escritura y la redacción"

 

Es el aprendizaje el proceso a través del cual se adquieren o modifican habilidades, destrezas, conocimientos, conductas o valores como resultado del estudio, la experiencia, la instrucción, el razonamiento y la observación. Este proceso puede ser analizado desde distintas perspectivas, por lo que existen distintas teorías del aprendizaje. El aprendizaje es una de las funciones mentales más importantes en humanos, animales y sistemas artificiales. En el aprendizaje intervienen diversos factores que van desde el medio en el que el ser humano se desenvuelve, así como los valores y principios que se aprenden en la familia. En ella se establecen los principios del aprendizaje de todo individuo y se afianza el conocimiento recibido que llega a formar después la base para aprendizajes posteriores.

 

El aprendizaje humano está relacionado con la educación y el desarrollo personal. Debe estar orientado adecuadamente y es favorecido cuando el individuo está motivado. El estudio acerca de cómo aprender interesa a la neuropsicología, la psicología educacional y la antropología, la que recoge las peculiaridades propias de cada etapa del desarrollo humano, y concibe sus planteamientos teóricos, metodológicos y didácticos para cada una de ellas. En ella se enmarcan, por ejemplo: la pedagogía, la educación de niños; y la andrología, la educación de adultos.

 

Tradicionalmente, se ha presentado el conocimiento como algo específico del ser humano en relación con la “creencia” en la existencia del alma racional que hace posible intuir la realidad como verdad.

 

Una actividad esencial de todo individuo en su relación con su entorno es captar o procesar información acerca de lo que lo rodea.

 

Este principio fundamental sitúa la actividad humana del conocer en un ámbito general propio de todos los seres de la naturaleza. El conocimiento, para el caso del ser humano, consiste en su actividad relativa al entorno que le permite existir y mantenerse y desarrollarse en su existencia. El caso específico humano incluye lo social y cultural.

 

Tan fundamental es esta actividad en la vida que todos "sabemos" lo que es el conocer y el conocimiento, con tal de que no tengamos que explicarlo. Tal es la situación que ocurre con casi todos los conceptos verdaderamente importantes: la palabra es perfectamente conocida y su uso perfectamente dominado. Pero la palabra tiene una amplitud tan grande y su uso unos contextos tan variados que el concepto, tan rico y lleno de matices, resulta muy difícil de comprender y explicar. Por lo que siguen existiendo numerosas teorías que intentan comprenderlo y explicarlo. Diferenciamos, de un modo técnico y formalizado los conceptos de conocer y saber, por más que, en el lenguaje ordinario, se usen a veces como sinónimos, otras veces no.

 

Conocer, y su producto el conocimiento, va ligado a una evidencia que consiste en la creencia basada en la experiencia y la memoria y es algo común en la evolución de los seres naturales concebidos como sistemas, a partir de los animales superiores.

 

Saber, por su parte requiere, además de lo anterior, una justificación fundamental; es decir un engarce en un sistema coherente de significado y de sentido, fundado en lo real y comprendido como realidad; más allá del conocimiento del objeto en el momento presente como si fuera definitivo y completo. Un sistema que constituye un mundo y hace de este hecho de experiencia algo con entidad consistente. Un conjunto de razones y otros hechos independientes de mi experiencia que, por un lado, ofrecen un "saber qué" es lo percibido como verdad y, por otro lado, orientan y definen la conducta, como un "saber hacer" como respuesta adecuada y una valoración de todo ello respecto a lo bueno.    El aprendizaje, conocimiento son conceptos que poseen en distinta naturaleza lógica. Ello se debe a que sus categorías de referencia no son equivalentes, y su aplicación y uso apropiados rigen por categorías y criterios diferentes.

 

El conocimiento se entiende como el resultado o suma del conocer interrogante de vieja data. Conocer es un verbo que es usado indistintamente según el contexto de su realidad.  La gnoseología desde la antigüedad se ocupó de esta temática donde se entrecruzaban los aprendizajes dando con ello la creación de sendas escuelas filosóficas del saber desde los presocráticos y sus cinco elementos se ocuparon del conocimiento y el aprendizaje visto en dualidad y unicidad según la necesidad del estudio ya Aristóteles nos habla del conocimiento como la reflexión analítica de búsqueda de la verdad empleando la razón.

 

En Aristóteles encontramos una teoría del conocimiento elaborada, aunque sí numerosos pasajes en varias de sus obras (Metafísica, Ética a Nicómaco, Tópicos, por ejemplo) que se refieren explícitamente al conocimiento analizándolo bajo distintos aspectos. El estudio de la demostración, el análisis de las características de la ciencia y sus divisiones, la determinación de las virtudes dianéticas, etc., son algunas de las ocasiones en las que Aristóteles nos habla de una manera más específica del conocimiento y de sus características. De todo ello podemos deducir algunas de las características básicas del conocimiento tal como parece haberlo concebido Aristóteles.

 

En fin, nos queda siempre el deseo de aprender y plasmar nuestra existencia y transcender vía esta acción que nos permite ser parte de la eternidad, inmortalidad en la medida que exista la especie humana que haga uso de esta.

 

 

 

Bibliografía

 

AB Benarroch, N Marín - Enseñanza de las ciencias

 

E Ribes- Iñesta - Revista Mexicana de Psicología, 2007 - academia.edu

 

http://www.medigraphic.com/pdfs/bolclinhosinfson/bis-2008/bis082s.pdf

 

JDG Novak - 1998 - sidalc.net

 

MA Roschke - Publicación Científico-Técnica, 1997 - bases. bireme.br Aprendizaje y conocimiento significativo en los servicios de salud

 

R Andreu, S Sieber - Economía industrial, 1999 - europa.sim.ucm.es La gestión integral del conocimiento y del A aprendizaje I nhelder, H Sinclair, M Bovet - 1996

 

Ramírez R (2016 ) “Conocimiento y Aprendizaje “

 

Revista mexicana de psicología volumen 24 http://ddd.uab.cat/record/22388

sábado, 30 de diciembre de 2023

Inteligencia Creadora y La Inteligencia Artificial

 

Para expresar un grafema sobre un tópico   tan importante para la   especie humana   la   única especie pensante dentro de nuestra terrenidad   es esencial que definamos la inteligencia creadora   y la inteligencia artificial.

 La inteligencia creadora   es la que de lo no creado crea algo, definida esta como facultad   única de Dios, y la    inteligencia Artificial   es la que ha sido creada con artificios y mecanismos no humanos, en tanto que es una inteligencia como   tal fruto de algo creado que   pertenece a la especie   pensante que se le llama   humano (hombre, mujer y otros)

 La   inteligencia   creadora según esta teoría es dirigir el comportamiento humano aplicando el conocimiento adquirido y en base a este conocimiento elabora ella   misma   una   inteligencia que llamamos creadora. que busca   nuevas   posibilidades nuevas en su entorno   o realidad escogiendo sus intereses y objetivos a   lograr   y por consiguientes las   pone en acción o las ejecuta en un espacio tiempo determinado   por este, para   lo cual tenemos dos elementos esenciales   para esta realización en cuestión uno   llamado la persona ocurrente y la persona creadora en sus diversas facetas   como ser pensante como tal.

 La inteligencia   en el laxo   del espacio temporal humano   existe inmensa variedad de definiciones desde los clásicos occidentales representados   por los griegos y los clásicos orientales representado por los hindúes   y chinos.

 De manera tradicional se ha definido la inteligencia como "la capacidad para resolver problemas", "la habilidad de llevar a cabo el pensamiento abstracto" o "la habilidad para comprender" (chinos y Doyle, 1973). Es decir que la inteligencia se asociaba de forma exclusiva al pensamiento y la cognición.

Para Platón,“la inteligencia es el conocimiento más completo y puro que puede tenerse de la realidad. Cuando el hombre es capaz de captar los primeros principios del mundo adquiere inteligencia. La razón es la facultad mediante la cual, entre otras cosas, conocemos el mundo”

Cuando el filósofo Aristóteles    teoriza sobre ello sugiere que el mejor intelecto sería aquél "que se piensa a sí mismo". Una inteligencia que se comprende cabalmente sería perfecta. Si el entendimiento humano fuera así un artículo como es no tendría   ninguna relevancia”.Por otro   lado, Einstein la inteligencia era.La medida de la inteligencia es la capacidad de cambiar"

La inteligencia artificial   actualmente está siendo experimentada por la especie humana dentro del ámbito de lo cotidiano. El mercado chino de la inteligencia artificial (IA) mueve actualmente 20.000 millones de euros, pero esa cifra podría duplicarse en dos años. Beijing aspira a superar a Estados Unidos y convertirse en el líder mundial del sector en 2030. La tecnología de IA permite a las máquinas imitar la inteligencia humana para generar textos, imágenes y videos o incluso crear arte y diseños originales. Y, ahora, en el país asiático, la IA ya está transformando profundamente la vida personal y laboral.

Tomando en cuenta   lo mencionado anteriormente   se podrá decir que la inteligencia artificial es. La Inteligencia Artificial (IA) es la combinación de algoritmos planteados con el propósito de crear máquinas que presenten las mismas capacidades que el ser humano.

es la combinación de algoritmos planteados con el propósito de crear máquinas que presenten las mismas capacidades que el ser humano. Una tecnología que todavía nos resulta lejana y misteriosa, pero que desde hace unos años está presente en nuestro día a día a todas horas.

 

Bibliografia

 https://www.iberdrola.com/innovacion/que-es-inteligencia-artificial https://www.joseantoniomarina.net/libros/teoria-de-la-inteligencia-creadora/

https://ruc.udc.es/dspace/bitstream/handle/2183/12604/RGP_21_2013_art_3.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Ramirez  O.R    (2018)  "La  inteligencia Artificial  y El  ser Supremo"

https://www.oracle.com/pe/artificial-intelligence/what-is-ai/


 

 

 

lunes, 4 de diciembre de 2023

Catedral de Chiclayo

 Al visitar la ciudad de Chiclayo no   pierdas la oportunidad de conocer muchos de sus atractivos turísticos uno de ellos es la Catedral de Chiclayo (también conocida como Santa María Catedral) está ubicada en el parque principal de la ciudad, su construcción es de estilo neoclásico.

 

El diseño data de 1869, aunque su construcción se reinicia en 1928 cuando, por falta de fondos y luego de la gestión de las autoridades locales ante el Congreso de la República, se asignó una partida económica a la obra que se reanudó el 13 de febrero de 1928 y culminó en 1939.

Corresponde al estilo neoclásico y se caracteriza por su monumentalidad (a semejanza de las grandes obras de las arquitecturas griega y romana), las líneas rectas que dominan sobre las curvas, sus formas más sencillas y simétricas, la mayor racionalidad compositiva, sobriedad decorativa y orden.

 

La portada es de dos cuerpos, sostenido el primero por columnas dóricas que se anteponen a los tres arcos de entrada. El segundo presenta capiteles corintios, en cuyos intercolumnios se aprecian balcones o miradores. A ambos lados de la fachada destacan campanarios rematados con cupulillas.

 con cuatro campanas: “Ave María”, “Asumpta”, “Mater Dei” y “Gratia Plena”; trasladadas de Alemania hasta el Puerto de Pimentel y fueron, luego, transportadas en el tren de Pomalca; y de la estación del tren en la calle Colón a la catedral en una plataforma arrastrada por un camión.

 

En su interior, de tres cuerpos, destacan: la hermosa talla del Cristo Pobre, los vitrales fueron confeccionados en Lima y corresponden a escenas marianas extraídas del catecismo. Hasta hace poco contuvo la imagen del “Señor de los Milagros” donada en 1917 por la señora Carmela Delgado de Aspíllaga y que fue pintada por Guillermo Samanez a fines del siglo XIX

El altar fue colocado por Monseñor Luis Sánchez Moreno. Al centro del frontis y en la parte más alta se encuentra la imagen de “Santa María de los Valles de Chiclayo” en cuyo honor fue establecido el pueblo de Chiclayo a la llegada de los Padres franciscanos el siglo XVI.

La catedral se mandó a edificar en 1869 y se terminó tres años después de iniciado el proceso. Por lo que se conoce, el arquitecto a cargo de tan bella estructura fue Gustavo Eiffel. Su estilo es neoclásico y está formada por tres naves.

La Iglesia Matriz, Catedral o Basílica de Chiclayo queda al lado de la Plaza de Armas, su frontis mide 45.10 mts., y constituye el principal edificio de la Plaza. Es una construcción que data del año 1,935; consta de tres naves: torres a los costados y la nave central

                                                                                                                                                     

                                     Es visitada durante toda la semana   por los lugareños, turistas   Nacionales y Extranjeros, pero es el día domingo es donde se observa su plena   magnitud de la feligresía católica   donde muestra todo su fervor  y idolatría propia del catolicismo. esta bajo la administración del su obispado  y  dirigido   por un párroco, ha  recibido restauraciones de sus  cuadros, vitrales,  esculturas religiosas.

Los católicos  manifiestan  su fe  en sendas fechas  religiosas  como  el homenaje a la virgen María  El señor  de los  Milagros ,  Fray  Martin de Porres  entre  otras  celebraciones propias  del calendario religioso de la  comunidad .



lunes, 31 de julio de 2023

Juan Velasco Alvarado presidente del Perú

La historia del Perú está formada por etapas donde la administración de sus gobiernos   ha sufrido tropiezos y triunfos y considero que las etapas de dictaduras son las más duras y penosas para la sociedad peruana   en tal sentido   abordaremos la etapa donde un militar provinciano y de humilde cuna de nacimiento se apodera del poder luego de haber realizado una carrera militar llena de triunfos, en estas líneas usted podrá informarse de sus frondosa    Biografía.

(Piura, 1910 - Lima, 1977) Militar y político peruano que presidió el país al frente de una junta militar (1968-1975), tras derrocar en un golpe de Estado al presidente Fernando Belaúnde Terry (1963-1968).

 

Juan Velasco Alvarado cursó sus estudios secundarios en el colegio San Miguel de Piura. Ya en Lima, ingresó en la Escuela Militar de Chorrillos tras aprobar los exámenes respectivos. En 1934 egresó como subteniente de infantería. Como militar, recorrió la entera geografía peruana, y fue además agregado militar en Francia. En enero de 1968, bajo la presidencia de Fernando Belaúnde Terry, fue nombrado comandante general del Ejército y presidente del Comando Conjunto.

 

Ocupando tales cargos, el 3 de octubre de ese año Velasco dio un golpe de Estado, derrocó a Belaúnde e inició el denominado gobierno revolucionario de la Fuerza Armada. Este gobierno emprendería profundos cambios, desde la reforma agraria o educativa al redimensionamiento del Estado y de las estructuras de poder.

 

Apoyándose en los estamentos nacionalistas del Ejército y en la burguesía, Juan Velasco Alvarado llevó a cabo una política reformista de carácter antiimperialista. Nacionalizó las empresas petrolíferas norteamericanas y británicas, y en 1970 realizó importantes reformas agrarias que le enfrentaron con el APRA. También reformó el poder judicial, la banca, la minería y la industria, pretendiendo una mayor participación popular en la vida económica y política del país.

 

En 1972 reanudó relaciones con la Cuba de Fidel Castro. Su gobierno desató críticas de la izquierda, que consideraba sus reformas insuficientes, y de los militares, que estimaban injusta su política de nacionalizaciones. A partir de 1973, y a raíz de la amputación de una pierna, empezó a menguar su capacidad de mando en el gobierno de la República.

 

El 29 de agosto de 1975 fue relevado de la presidencia por un movimiento institucional encabezado por el general Francisco Morales Bermúdez (1975-1980), quien hasta entonces ocupaba el cargo de primer ministro; con el mandato de Morales Bermúdez se iniciaba la segunda parte del «decenio militar» (1968-1980), que concluiría en 1980 con el retorno a la democracia. Juan Velasco Alvarado murió en Lima el 24 de diciembre de 1977, a los 67 años de edad. Su sepelio fue uno de los más multitudinarios que se recuerdan en el Perú de las últimas décadas

 

Bibliografía

 

Fernández, Tomás y Tamara, Elena. «Biografía de Juan Velasco Alvarado». En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea España.

 

C Vidaurre-Güiza - Comunifé, 2021 - revistas.unife.edu.pe

JG Soto - Revista de crítica literaria latinoamericana, 1998 – JSTOR